María Isabel de Braganza

Buscando novia

A pesar de la necesidad de un heredero para la corona española, Fernando VII tardó 10 años

María Isabel de Braganza por Vicente López

en casarse otra vez. Y no fue por no buscar una pretendiente idónea. Simplemente las cosas se iban complicando cada vez.

Tras la muerte de María Antonia de Nápoles, se vió la posibilidad de casar al rey con la hija de José I y Julia Clary. Esta idea surgió tras la firma del Tratado de Valençay en 1813 en el que Napoleón reconocía a Fernando VII como rey de España a cambio de la evacuación pacífica de las tropas y gobierno francés. Napoleón tenía que acabar con el problema español, ya que le impedía dedicarse a sus demás frentes abiertos. Sin embargo un año después Napoleón ya estaba en la isla de Elba y no había por qué unirse a su familia que ya no aportaba nada.

Durante el reinado de José I se había creado una Junta Central que aglutinaba a la resistencia española. Estaba presidida por el conde de Floridablanca y sería la que propusiera la Constitución de Cádiz en 1812. Preveía una monarquía parlamentaria, la anulación de privilegios y reformas sociales. Se esperaba que Fernando VII aprobaría esta Constitución, ya que, al fin y al cabo, sus creadores habían luchado y resistido por él. Sin embargo el rey no pensaba ser un monarca parlamentario y durante la primera etapa de su reinado, el sexenio absolutista, quiso reforzar su poder y reprimir a sus opositores.

Dos hermanas portuguesas

Tras siete acuerdos nupciales fracasados, Fernando VII encontró, por fin, una nueva

Juan VI de Portugal y Carlota Joaquina por Manuel Dias de Oliveira

reina. Sería María Isabel de Braganza, hija de la hermana mayor del rey, la infanta Carlota Joaquina y del futuro rey Juan VI de Portugal. Al mismo tiempo se decidió también la boda del hermano del rey, Carlos María Isidro, con la hermana de María Isabel, María Francisca.

Esta boda portuguesa interesaba a Fernando VII ya que pondría fin a los enfrentamientos previos con el país vecino y ayudaría a mantener la administración española en las colonias americanas.

María Isabel de Braganza nació en 1797. Era la tercera de diez hermanos. De su madre se decía que había tenido varios amantes y que sus hijos no eran del rey.

Unos padres conflictivos

Carlota Joaquina había sido casada con Juan de Portugal cuando tenía diez años. Padecía raquitismo y era bastante fea, aunque destacaba por su inteligencia. Era ambiciosa y siempre quiso dominar la voluntad de su marido. Llegó a formar su propio partido para derrocar al futuro rey. Descubierto el complot el matrimonio llevó vidas separadas, viéndose sólo en actos oficiales.

Exilio en Brasil

Cuando las tropas francesas avanzaban hacía Lisboa, la familia real se exilió a Brasil, su

María Francisca de Braganza por José Aparício

principal colonia americana. Se establecieron finalmente en Río de Janeiro. El rey se fue a vivir con sus hijos varones, Carlota Joaquina con sus hijas. Las niñas recibieron una esmerada educación europea. María Isabel destacó por sus habilidades pictóricas y musicales.

En 1810 comenzaron los procesos secesionistas de las colonias americanas bajo el dominio de España. Juan de Braganza vió la posibilidad de anexionar a Brasil las colonias colindantes, es por esto que a España le interesaba la unión con Portugal para que respetase los límites de sus posesiones.

El pacto de las dos bodas era un buen motivo para Carlota Joaquina para volver a Europa, pero la muerte de la reina María I de Portugal en 1816 la convirtió en soberana de Portugal y Brasil. Sus hijas esperaron a la coronación de sus padres antes de salir de Brasil.

Mientras tanto en España el acuerdo matrimonial que Fernando VII había llevado en secreto, ya que su elección no iba a gustar por los problemas internos de la casa real portuguesa, fue conocido. A pesar de diferentes acciones para desbaratar el acuerdo, ya era demasiado tarde. Aún así, el rey Juan VI en contra de lo pactado, había comenzado la conquista de Montevideo diciendo que sólo quería afianzar las fronteras brasileñas. Este hecho motivó la indignación del gobierno español, pero las dos princesas ya estaban en Cádiz. Se decidió que María Isabel de Braganza no era culpable de las acciones de su padre.

Aunque en un primer momento los dos hermanos no encontraron a sus prometidas demasiado agraciadas (ellos tampoco lo eran), parece ser que los matrimonios funcionaron muy bien. Fernando VII siguió teniendo aventuras, pero María Luisa tenía muy claro cuál era su puesto y lo que tenía que hacer.

Fea, pobre y portuguesa, ¡chúpate esa!

Esta frase corría por el Madrid fernandino acerca de la futura reina. María Isabel tenía

Carlos de Borbón pro Isidro Magués

entonces diecinueve años. Era morena, de ojos oscuros y regordeta. Venía prácticamente sin dote. Tuvo que pedirle a su futuro marido que le consiguiera un ajuar y el vestido de novia. Pero María Isabel era una mujer muy sensata y con los conocimientos suficientes para el puesto que iba a ocupar. Sabía tomar sus propias decisiones, era humilde al tiempo que demostraba gran dignidad.

Tras la boda los dos matrimonios vivieron en el palacio y las dos hermanas Braganza tomaron el mando en sus manos. María Francisca, tres años menor que María Isabel, también era de carácter fuerte e inteligente. Más adelante defendería los derechos de su marido a la corona apoyando el partido carlista.

Por fin una reina en palacio

Como había pasado tanto tiempo sin una reina en España, María Isabel tuvo que volver a restablecer el protocolo y la etiqueta que prácticamente se habían perdido. Aprovechó la oportunidad e impulsó reformas.

Parece ser que aconsejó a Fernando VII que fuera menos duro con sus adversarios e incluso le propuso una amnistía general.

Al poco tiempo de casarse María Isabel ya estaba embarazada. Para gran escándalo de la corte decidió no utilizar corsé durante el embarazo y quiso utilizar el novedoso algodón de América para la ropa del futuro hijo. Además quería que le pusieran la vacuna contra la viruela y amamantarle ella, cosa que no se veía con buenos ojos en la alta sociedad.

En agosto de 1817 nació la infanta María Isabel Luisa y, aunque no era el esperado varón, Fernando VII estaba muy contento con su pequeña que, lamentablemente, moriría cuatro meses después. El rey conmemoraría todos los años la fecha de su muerte.

María Isabel y su legado

Un balneario

Tras el parto María Isabel se dedicó con gran ahinco a la creación de varias instituciones.

María Isabel de Braganza

En su honor se fundaron dos reales sitios, La Isabela y los Baños de Sacedón en Guadalajara. Los reyes planearon la construcción de un palacio allí rodeado por una ciudad balneario abierta a enfermos que podían disfrutar de las aguas medicinales.

El Ayuntamiento de Madrid le regaló una pequeña casa de recreo, el casino de la reina, aunque parece que fue más su marido el que disfrutaría después del sitio para sus escarceos.

Porcelanas

En 1817 María Luisa fundó la Real Fábrica de Porcelana de la Moncloa aprovechando las pastas y moldes de la fábrica del Buen Retiro que había quedado destrozada por los franceses. Ahí se fabricarían objetos para uso exclusivo de la familia real.

La pintura

Junto a su hermana y cuñada impulsó las activades de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fomentando también la enseñanza del dibujo para niñas y jóvenes.

El edificio que se había construído en tiempos de Carlos III para albergar el Gabinete de Historia Natural estaba en ruinas. María Luisa hizo que se recuperara el edificio para albergar la que se convertiría en una de las pinacotecas más importantes del mundo, el Museo del Prado. Participó ella misma en la selección de más de mil quinientas obras que debían estar en el museo. También quiso que estuviera abierto al público.

Una muerte prematura

Al poco tiempo de morir su primera hija, María Luisa estaba embarazada otra vez. Tenía que dar a luz en la época navideña de 1818. El 26 de diciembre empezó a encontrarse mal, con fuertes dolores de cabeza. Sufrió dos hemiplejias que le causaron la muerte. Se realizó entonces una cesárea. Nació una niña que, sin embargo, sólo vivió unos minutos. María Luisa tenía solamente veintiún años y había estada casada dos. En ese corto espacio de tiempo logró el cariño del pueblo al que demostró su buen hacer.

Tras su muerte corrieron todo tipo de rumores, como que le habían practicado la cesárea estando viva. Sin embargo Fernando VII ordenó redactar un informe esclareciendo los hechos.

Había llegado el momento de buscar nueva esposa para este trono que seguía sin heredero.

Fuente:

Reinas de España, autora: María José Rubio, La esfera de los libros, 2009.

 

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