María Josefa Amalia de Sajonia

A reina muerta, reina puesta

Fernando VII tenía treinta y cuatro años, era dos veces viudo y seguía sin descendencia.

María Josefa Amalia de Sajonia por Francesco Lacoma y Fontanet

No había pasado ni medio año de la muerte de María Isabel de Braganza cuando ya se estaba buscando una nueva esposa.

Esta vez la elegida fue María Josefa Amalia de Sajonia y Borbón-Parma.

Devota, inocente y rica

María Josefa había nacido en Dresde en 1803. Era la septima hija del príncipe Maximiliano de Sajonia y de Carolina de Borbón Parma. No llegó a conocer a su madre que murió cuando María Josefa tenía dos meses de edad. Su padre siempre se ocupó de sus hijos inculcándoles el amor por la naturaleza. María Josefa era ingenua e introvertida. Fue educada prestando especial atención a la literatura, el arte y la geografía e historia.

Toda su familia se había relacionado de una u otra forma con el arte. Su bisabuelo había fundado la fábrica de porcelana de Sajonia. Su abuela convirtió a Dresde en la capital musical de Europa. Su hermano mayor, Federico-Augusto fue un mecenas de la botánica. Su hermano, Juan, era un gran conocedor de la literatura clásica italiana. Sus dos hermanos llegaron a ser reyes de Sajonia.

Al contrario que su antecesora, María Isabel de Braganza, María Josefa aportó al matrimonio una espléndida dote valorada en casi un millón de reales.

Una consumación tardía y más beneficencia que arte

Cuando contrajeron matrimonio, en 1819, María Josefa tenía sólo quince años y no sabía

Maximiliano de Sajonia

nada de lo que significaba la vida matrimonial. Fernando VII estuvo a punto de pedir la nulidad del matrimonio, porque María Josefa no quería permitirle la consumación del mismo, alegando que era pecado. Hubo que recurrir al confesor y los capellanes de palacio para que convencieran a la reina de su error. Una vez resuelto el problema, parece que no le fue tan mal como ella pensaba.

Fernando VII esperaba que, al igual que María Isabel de Braganza, María Josefa iba a dedicarse a favorecer actividades artísticas, sin embargo, ella prefirió dedicarse a obras de beneficencia.

María Josefa no dejó de ser una joven tímida que sentía pánico ante la gente. Además, la vida en palacio le hace sentirse sola.

Padecía una extraña enfermedad nerviosa que ella misma calificaba de "brincos".

Trienio liberal

En 1820 tuvo lugar la sublevación liberal, que se inició en Andalucía y cuyo liderazgo asumió

Carolina María de Borbón-Parma

el comandante Riego. Fernando VII se vió obligado a firmar la Constitución de Cádiz de 1812 iniciándose el Trienio Liberal.

Este hecho provocó un drástico cambio en la sociedad española. Hasta ese momento los perseguidos habian sido los liberales, ahora lo eran los realistas que defendían el poder absoluto del rey.

Se iniciaron una serie de reformas legislativas que afectaron especialmente a la Iglesia quitándole privilegios.

Teniendo en cuenta que María Josefa era muy devota, estos hechos hicieron que aborreciera a los liberales. Aunque públicamente era incapaz de expresar sus opiniones, escribió muchos versos y rimas de carácter político y religioso.

El nuevo régimen se dividió en dos facciones, los liberales radicales, liderados por Riego y los liberales moderados, que contaron con el apoyo del rey que nombró a Argüelles como presidente del primer gobierno constitucional. Al año siguiente tuvo lugar la primera crisis ministerial. El rey cesó al gobierno y formó otro más moderado todavía. Riego se opuso a esto. Fue destituído como capitán general de Aragón y se le prohibió acercarse a Madrid. Este hecho provocó un levantamiento que amenzó con derrocar al rey.

Ante esta seria amenza, Fernando VII dio marcha atrás, cesó al nuevo gobierno y nombró

Federico Augusto de Sajonia

otro bajo la presidencia de Martínez de la Rosa.

En 1822, al volver la familia real de sus vacaciones en Aranjuez, fueron abucheados. Varios batallones de la Guardia Real se levantaron en armas para tomar Madrid en nombre del absolutismo. Este levantamiento fue sofocado por la Milicia Nacional. Muchos creyeron que el rey estaba implicado en el levantamiento.

Para salvar la cara, Fernando VII castigó duramente a los sublevados de la Guardia Real. Se formó un nuevo gobierno presidido por Evaristo San Miguel, más radical que sus predecesores.

Los Cien Mil Hijos de San Luis

Tanto Fernando VII como su devota esposa se sentían atrapados por los liberales y pidieron ayuda a las casas reales extranjeras. Así, en 1823 el rey de Francia y tio segundo de Fernando VII, Luis XVIII, envió los "Cien mil hijos de San Luis", soldados franceses bajo el mando del duque de Angulema.

Viendo que el ejército francés penetraba sin problemas en territorio españo, la famila real fue llevada prácticamente como prisioneros a Andalucía. A pesar de que intentaron evitar este

Comandante Riego

traslado forzoso, al final no tuvieron más remedio que ceder a las exigencias del gobierno. Se instalaron en Sevilla. Tres meses después serían trasladados al Puerto de Santa María en Cádiz. Allí permanecieron hasta que el gobierno tuvo que rendirse ante las tropas francesas en octubre de 1823.

Un mes después la familia real volvió a Madrid. Los que hace unos meses les habían abuchaedo, ahora les recibían con gritos de alegría.

La Década Ominosa

Fernando VII volvía a ser lo que siempre quiso, un rey absolutista. Con este hecho se inició la Década Ominosa. Se persiguió a los liberales por lo que muchos huyeron a Francia e Inglaterra. El comandante Riego fue ahorcado. Se sucedieron dos gobiernos presididos por el conde de Ofalia y Cea Bermúdez.

Mientras tanto María Josefa pudo dedicarse a sus actividades benéficas. Apoyo instituciones como la Inclusa de Niños, el Hospital de los Incurables y el Establecimiento de Ciegos aportando importantes cantidades de dinero.

Louis-Antoine d´Artois, duque de Angulema por Vicente Calvo

Los liberales exiliados formaron sociedades secretas e intentaron derrocar varias veces al rey. Los absolutistas más radicales, por otro lado, exigían medidas más conservadores. Hasta en el seno de la familia real se acusaba al rey de ser demasiado liberal: el infante Carlos y su mujer María Francisca de Braganza estaban al frente de este movimiento que desembocaría después en el carlismo.

Entre 1825 y 1826 la situación económica del país era desastrosa y Fernando VII estaba dispuesto a aceptar una reformas progresistas, pero muy moderadas.

En 1827 se produjo en Cataluña la Sublevación de los Agraviados que defendía la monarquía absoluta. Pretendían que el futuro rey fuera el infante Carlos del que se sospechaba estaba implicado en el levantamiento. Para calmar la situación en Cataluña, el rey decidió viajar a esta provincia. El recorrido por tierras catalanas fue un éxito para el. De hecho estuvo casi un año fuera de la capital.

En 1827 María Josefa cumplió uno de sus sueños, la fundación de un altar dedicado a la casa real de Sajonia en la iglesia de San Antonio de Aranjuez.

Soledad, nervios y el fin

María Josefa pasó este tiempo enfermando por la ausencia de su marido, viviendo como

María Josefa de Sajonia por Francesco Lacoma y Fontanet

una viuda en El Escorial. Se pasaba el día rezando, escribiendo versos, cartas diarias a su marido y llorando. El mal de sus "brincos" empeoró. Por otro lado, no se atrevía a tomar ninguna de las decisiones que le atañían directamente en asuntos de la corte. Siempre tenía que consultar antes al rey.

No le gustaban los actos oficiales ni encontrarse con multitudes. De hecho en un momento dado hasta huyó de la gente que le seguía por la calle. Prometió a su marido enmendarse y superar esta debilidad.

A finales de 1827 viajó a Valencia para reencontrarse con Fernando VII allí. Viajaron por varias provincias españolas y no regresaron a Madrid hasta un año después.

Comenzó entonces un período de tranquilidad que permitió que se realizaran diferentes reformas sociales. Poco a poco la revolución industrial dio sus primero pasos en España.

En 1829 María Josefa sufrió un fuerte resfriado. Le recomendaron que fuera a Aranjuez, pero unas fuertes lluvias desbordaron el Tajo haciendo que el ambiente fuera totalmente húmedo. Su salud empeoró. Estuvo agonizando diez días. Murió a los veinticinco años.

Así terminó el tercer matrimonio del rey que seguía sin descendencia. Había que seguir buscando otra candidata.

Fuente:

Reinas de España, autora: María José Rubio, La esfera de los libros, 2009.

 

 

 

 

 

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