María de las Mercedes de Orléans

Dos hijas para un reino

María de las Mercedes de Orléans y Borbón nació en Madrid en 1860. Era hija de Antonio de

María de las Mercedes de Orléans

Orléans, duque de Montpensier, y María Luisa Fernanda de Borbón, hermana de la reina Isabel II e hija de Fernando VII y María Cristina de Borbón.

Antonio de Orléans era hijo de los reyes de Francia, Luis Felipe de Orléans y María Amalia de Borbón-Dos Sicilias. Aunque María Luisa Fernanda no era la heredera del trono, su marido sí que hubiera sido más apto para compartir el trono que el que se eligió para Isabel II. Se comentaba que María Luisa Fernanda era la hija predilecta de María Cristina de Borbón y que, en el fondo, nunca dejó de pensar que quizás algún día subiría al trono. De hecho hubo un acuerdo entre el rey de Francia y la reina Victoria de Inglaterra para que la boda entre María Luisa Fernanda y el duque de Montpensier se celebrase después de que Isabel II hubiera tenido descendencia. Así se quería evitar que la corona española pasase a manos francesas en la figura del duque. Pero la boda se celebró al mismo tiempo que la de Isabel II con Francisco de Asís.

Cuando se casaron, María Luisa Fernanda tenía sólo catorce años. Era una joven guapa, discreta y simpática, aunque, al igual que pasaba con su hermana, mostraba una patente falta de conocimientos. Tras la boda se instalaron en las Tullerías junto a la familia real francesa.

Sevilla y la "corte chica"

En 1848 estalló la revolución republicana y la familia real francesa se exilió a Inglaterra.

Antonio de Montpensier, duque de Orléans

Los duques de Montpensier no fueron bien recibidos por el problema que había habido con su boda y año y medio después regresaron a España, donde tampoco fueron bien acogidos. Narváez, entonces presidente del gobierno, les instó a que se fueran de Madrid. Se instalaron en Sevilla, donde se creó una "corte chica" a su alrededor. Poco tiempo después compraron el palacio de San Telmo, su hogar definitivo.

El duque siempre tuvo presente que su boda había tenido como finalidad su acceso al trono y eso persiguió durante toda su vida.

En 1854 se produjo un levantamiento en Madrid con O´Donnell y Espartero al frente de los dos bandos. Querían que María Cristina se fuera del país. Isabel II encargó a Espartero que presidiera un gobierno progresista. Antonio de Orléans se ofreció como candidato al trono de los revolucionarios, pero Isabel II fue apoyada por Francia e Inglaterra. Aun así la situación, en general, no era fácil, ya que la disoluta vida familiar de Isabel II chocaba con la modélica vida de los Montpensier.

Aunque María de las Mercedes nació en Madrid, al mes ya estaba en Sevilla, por lo que se consideró sevillana toda su vida. A los dos años ya pasó sus primeras vacaciones en

María Luisa Fernanda de Borbón por Franz Xaver Winterhalter

Inglaterra donde se reunía toda la familia Orléans entorno a la reina María Amalia.

Ese mismo año Isabel II realizó un viaje por Andalucía, por lo que los duques regresaron a Sevilla para ser sus anfitriones. Así, con apenas dos años, María de las Mercedes conoció a su primo, el futuro Alfonso XII.

María Luisa Fernanda tuvo un total de nueve hijos, de los que la mayoría moriría en la niñez o adolescencia. Antonio, el octavo hijo que sería el único varón heredero, derrocharía más adelante la fortuna familiar. Se casó con su prima, la infanta Eulalia y el matrimonio fue un desastre.

En 1865 casaron a la hija mayor, la infanta Isabel de Orléans, con su primo Luis Felipe de Orléans, conde de París y jefe de la casa real en el exilio.

María de las Mercedes recibió clases de historia, geografía, literatura, francés, matemáticas y gramática española. Su profesor de dibujo fue Joaquín Becquer, tio de Gustavo Adolfo Becquer.

Un padre conspirador

Mientras tanto la situación de Isabel II era cada vez más preocupante. Antonio de

Alfonso XII con traje militar de gala por E. Otero

Orléans pretendía convertirse en su consejero. Conocedores de que había una serie de conspiraciones en marcha, María Luisa Fernanda fue a Madrid para advertir a su hermana. Sin embargo el encuentro de las dos hermanas desembocó en una fuerte discusión exigiendo Isabel a su hermana que ni ella ni su marido se entrometieran en su reinado.

Ante este desaire, Antonio de Orléans vió el camino libre para su propia ambición y participó en la conspiración contra la reina.

En 1868 murió el general Narváez y la reina lo sustituyó por González Bravo, impopular por su extremado conservadurismo. El general Serrano, antiguo amante de Isabel II, viajó a Sevilla para ofrecer el trono de España a María Luisa Fernanda, cuando la reina fuera derrocada.

Mientras la conspiración seguía su curso, los duques asistieron en Madrid a la boda de la infanta Isabel, la Chata. Regresaron a Sevilla y, dos meses después, tanto el general Serrano como los demás conspiradores habían sido detenidos. Los duques fueron desterrados inmediatamente a Lisboa.

Desde el exilio el duque seguía siendo uno de los promotores del derrocamiento de su cuñada. Presionaba a Prim, jefe de la revolución, para que firmara el compromiso de nombrar a María Luisa Fernanda reina de España. Pero la situación no era tan fácil. Prim había negociado la imparcialidad de Francia ante el derrocamiento, pero en Francia gobernaba ahora el emperador Napoleón III que había derrocado, a su vez, a los Orléans del trono. Así, no apoyaría nunca que un Orléans estuviera en el trono de España.

El matrimonio de Montpensier con algunos de sus hijos

En septiembre la Revolución Gloriosa obligó a Isabel II a exiliarse. Antonio de Orléans creía que había llegado su momento, aunque Prim le daba largas. Además su excesivo afán por hacerse con la corona le estaba creando muy mala fama.

Finalmente se permitió a la familia Montpensier que volviera en 1869. En Sevilla fueron recibidos prácticamente como los futuros reyes. El duque viajaba constantemente a Madrid para estar cerca del gobierno.

Un duelo y un asesinato desencadenan el fracaso

Al año siguiente, el cuñado de Isabel II y hermano de su marido, Enrique de Borbón, escribió un artículo en la prensa ridiculizando al duque de Montpensier. Montpensier lo retó a un duelo y lo mató de un disparo en la cabeza. Un consejo de guerra le condenó a un mes de destierro fuera de Madrid y a indemnizar a los hijos del muerto.

A finales de ese mismo año, 1870, el general Prim murió asesinado en Madrid. Muchos acusaron directamente a Montpensier como instigador de este hecho. Le acusaron de querer evitar la venida de Amadeo I a España que había sido propuesto por Prim como rey.

Después Montpensier se negó a prestar juramento de adhesión al nuevo rey por lo que fue desterrado a Mahón. Seguía la investigación acerca del asesinato de Prim y los

Enrique de Borbón

Montpensier estaban cada vez más cercados.

Por suerte, en Francia la situación había vuelto a cambiar. Napoleón III había sido derrocado y se permitía regresar a los Orléans y recuperar sus propiedades. La familia viajó a París, donde vivirían los siguientes cinco años.

Siempre nos quedará París

Así, a partir de 1871, toda la familia real española vivía exiliada en París, María Cristina con su familia Muñoz, Isabel II separada, por fin, de Francisco de Asís y los Montpensier. Ahora todos tenía un empeño común, que los Borbón volvieran a ocupar el trono, la Restauración. Sobre todo María Cristina era la que tenía mayor empeño en que las dos ramas de la familia volvieran a entenderse. Ya en enero de 1872 María Cristina y el duque de Montpensier firmaron en Pacto de Cannes. El duque reconocía los derechos al trono de Alfonso, se convertía en su tutor y se acordaba un futuro matrimonio entre Alfonso y alguna de las hijas de los Montpensier. Este acuerdo se rompería posteriormente por el exceso afán del duque en dominar la existencia de Alfonso, lo que éste no aguantaba e Isabel II no quería.

Amor de adolescentes

Pero la historia volvía a elegir su propio camino. Durante la época del exilio, Alfonso compartía largas jornadas con la familia de Montpensier y se encontraba a gusto en el

María de las Mercedes de Orléans

ambiente familiar que les rodeaba, tan diferente al que vivía en su propia casa. Tenía dieciseís años y su prima Mercedes, doce. Parece ser que este primer amor surgió rápidamente y se estuvieron escribiendo durante años, antes de que se diese a conocer su noviazgo.

María de las Mercedes asistía a un colegio de monjas con niñas de familias más modestas. Tanto las profesoras como sus compañeras siempre guardaron muy buen recuerdo de ella.

Evidentemente a Isabel II no le hacía ninguna gracia que su hijo estuviera tan pendiente de su prima que, al fin y al cabo, era hija de su archienemigo Montpensier. Se comenta que fue ella la que hizo que la famosa cantante Elena Sanz conociera a Alfonso pretendiendo que olvidara a María de las Mercedes. Cuando se conocieron, él era un adolescente, ella tenía trece años más. Esta relación duraría muchos años, al margen de la existente entre Alfonso y María de las Mercedes e incluso de su posterior matrinonio con María Cristina de Habsburgo. Tuvo dos hijos con Elena Sanz.

En 1875 Alfonso XII fue proclamado rey de España. Regresó a Madrid acompañado de su hermana, la infanta Isabel. María de las Mercedes se quedó en París, esperando que el nuevo rey cumpliera su promesa de casarse con ella.

Para Alfonso esta boda no fue fácil, ya que la historia del duque de Montpensier pesaba sobre el apellido de su futura mujer. Pero consiguió lo que quería. A pesar de la oposición de parte de los políticos, al final logró que aceptaran a María de las Mercedes. Quizás influyera también el hecho de tanto Cánovas del Castillo como otros personajes cercanos al rey estuvieran al tanto de que sufría de tuberculosis y querían asegurar su descendencia lo antes posible.

Una boda por amor

Ya en 1876 se permitió regresar a los Montpensier a Sevilla. También Isabel II pudo volver y se instaló en la misma ciudad. Así Sevilla tuvo dos cortes, la de la antigua reina y la de la futura. Isabel no aguantó que Alfonso prodigara tantas atenciones a los Montpensier y él no quería transigir con los caprichos de su madre. Finalmente Isabel II se marchó de Sevilla y se instaló en El Escorial. Pero Alfonso insistía en casarse con María de las Mercedes ante la oposición de su madre que se marchó desairada a París. No asistió a la boda.

Alfonso XII

Tras vencer todos los obstáculos, la pareja se casó en la basílica de Atocha el 23 de enero de 1878. María Cristina, abuela de ambos, iba a ser la madrina, pero se encontraba indispuesta y fue representada por la infanta Isabel.

Las celebraciones duraron cinco días. La luna de miel la pasaron en El Pardo. Alfonso tenía veintiún años y María de las Mercedes diecisiete.

Tras su regreso a Madrid se instalaron en el Palacio Real. El ambiente había cambiado completamente. Durante esta época, había sobre todo personas jóvenes en el palacio, ya que, aparte de los reyes vivían con ellos la infanta Isabel de veintiseís años, y las hermanas de Alfonso, Pilar, Paz y Eulalia de dieciseís, quince y trece años.

María de las Mercedes quiso que la vida en el palacio fuera menos protocolaria, le gustaba ocuparse ella misma de que todo estuviera en orden para Alfonso. Se presentaba de improviso en las instituciones benéficas de Madrid para comprobar que todo funcionaba debidamente. Tenía planes para el futuro, un gran sentido de la caridad y quería acercarse a las gentes más humildes, pero no le dió tiempo.

Un final precipitado

Dos meses después de la boda se sintió mal. Le diagnosticaron un aborto.

María de las Mercedes de Orléans

Según se cree, parece ser que el legrado no le fue realizado correctamente. Durante un mes sufrió varias infecciones, mareos y vómitos. Creyeron que estaba embarazada otra vez. El 24 de junio cumplió dieciocho años. Murió dos días después tras más de trece horas de agonía.

También se ha dicho que murió de tifus. De todas formas ya daba igual. Alfonso nunca se recuperó de este golpe. Su felicidad fue efímera. Así María de las Mercedes fue una de las reinas más queridas pero que menos pudo hacer por los españoles por la brevedad de su reinado.

Como no había tenido descendencia, no podía ser enterrada en el Panteón de Reyes de El Escorial, así Alfonso decidió construirle una catedral, que sería la catedral de La Almudena. El nunca la vió terminada, pero María de las Mercedes descansa allí.

Fuente:

Reinas de España, autora: María José Rubio, La esfera de los libros, 2009.

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