Mancebas y Doncellas en el siglo XVII

La familia y el matrimonio

Felipe IV retratado por VelázquezEn el siglo XVII la familia es una organización dominada por el marido o padre de familia, que garantiza el honor y el patrimonio, es decir,mantiene el linaje. Gana en importancia la casa, como sede de la familia.

El ciudadano vive en dos ambientes, el p√ļblico o social que se desarrolla fuera de casa, y el privado en √©sta. En este aspecto nos estamos refiriendo a las clases nobles y burguesa, ya que el pobre sigue identificando su vida con su oficio que desarrolla en la calle cuando puede.
Sigue siendo importante el linaje que asegura el mantenimiento de la estirpe, de ahí que se sigan buscando conyuges dentro del mismo estamento social. El matrimonio tenía como finalidad primordial la procreación. Era una forma de 'calmar' los excesos masculinos, el menor de los males. Los matrimonios eran una situación legal más para asegurar el patrimonio. Los placeres se vivían fuera del hogar. Hemos de tener en cuenta que al ser matrimonios concertados y, generalmente, entre gente muy joven, ni tenían experiencia, ni ganas. Era un trámite con el que había que cumplir y ya está. El matrimonio no era motivo de alegría precisamente, era más bien un castigo.

Las mujeres

Las mujeres depend√≠an primero del padre o tutor y despu√©s del marido. Viv√≠an pr√°cticamente enclaustradas en casa, sal√≠an s√≥lo a oficios religiosos y siempre acompa√Īadas. Aquellas que se emancipaban y viv√≠an libres eran directamente consideradas como mujeres de 'vida alegre'.
La salida de este tipo de vida para cualquier mujer era el matrimonio o el convento. Cualquier infidelidad o incluso un ataque a su honor, aunque hubiera sido vengado, implicaba su retirada el mundo. Es curioso que con tanto cuidado - y la literatura ha dado buena cuenta de ello - fuera tan dificil encontrar a jovencitas doncellas, es decir, v√≠rgenes. De ah√≠ tambi√©n el gran n√ļmero de 'celestinas' duchas en artes amatorias y remedios para recuperar virginidades.

Los galanes

Juan Jos√© de AustriaMientras tanto era bien considerado que el hombre galanteara. Que cualquier mozuelo tuviera una querida en la que se gastase lo que ten√≠a y no ten√≠a era considerado normal. Teniendo en cuenta que a las jovencitas las ten√≠an m√°s o menos encerradas, tambi√©n parece l√≥gico pensar que a la m√°s m√≠nima ocasi√≥n flaqueasen ante las atenciones de cualquier gal√°n barbilampi√Īo. S√≠ era importante manter el secreto de estas relaciones, puesto que su descubrimiento implicar√≠a un grave castigo. Al estar tan vigiladas, un lugar de encuentro com√ļn pod√≠a ser la casa de cualquier amiga.
El canon de belleza gustaba de mujeres rubias de ojos verdes y rasgados y de manos blancas y largas. También causaban sensación las monjas, quizás porque eran más difíciles, como algunos cromos. El galán perdía la cabeza por su amada y se dedicaba todo el día a ella, ya fuera paseando, haciéndose el encontradizo o hablando por las noches a través de las rejas. Claro que una vez conseguida o incluso casado con ella, la cosa cambiaba, ya no era lo mismo.

Los hombres estaban muy preocupados por que sus mujeres les fueran fieles, ya que una testa coronada era lo √ļltimo. Este hecho contrasta con aquellos que hasta obligaban a sus mujeres a hacer favores a otros, contando as√≠ con unos ingresos extra. El primer pluriempleo.

Además en caso de necesidad, el hombre podía matar a la esposa infiel sin el menor recato. Ella tenía que apechugar con el marido infiel. Quizás incluso le conviniese. Así la dejaba en paz ese marido que ni le gustaba, ni le hacía gracia, ni nada de nada.

Los bastardos

Fue una √©poca de muchos nacimientos ileg√≠timos. Los hombres de las clases altas pod√≠an reconocer a sus bastardos, aunque los estamentos inferiores los rechazaban y despreciaban. Evidentemente tambi√©n se dieron muchos abandonos de ni√Īos e incluso asesinatos. Hab√≠a que disimular el estado 'interesante' porque resultaba embarazoso. Uno de los bastardos m√°s famosos de su √©poca fue Juan Jos√© de Austria, hijo de Felipe IV y la 'Calderona'.

Las mancebías

La CalderonaDurante el reinado de Felipe IV se produjo un relajamiento en las costumbres que se contraponía a la aparente religiosidad del pueblo que prácticamente dirigía sus vidas. Por un lado encontramos a un rey que dicta leyes para impedir la prostitución, cuando él se pasa las noches de jarana. Existía una clara doble, triple y cuádruple moralidad que permitía una vida licenciosa a unos, mientras condenaba a otros.
Las manceb√≠as o casas de prostituci√≥n exist√≠an en Madrid desde el siglo XIII y su actividad ya fue regulada por Felipe II. En su momento se consideraban necesarias para calmar la fogosidad de los hombres. Para que una joven pudiera entrar en una manceb√≠a, un trabajo muy solicitado, deb√≠a documentar que era mayor de doce a√Īos, que era hu√©rfana o hab√≠a sido abandonada y que, adem√°s, ya no era virgen. Como se ve, las jovencitas eran muy precoces. Todo esto deb√≠a probarse ante un juez que intentaba disuadir a la joven de seguir por ese camino, aunque no parece que tuvieran mucho √©xito.

El n√ļmero de estas casas de solaz aument√≥ con Felipe III. En su momento el mayor n√ļmero se concentr√≥ entre la Plaza Mayor y la calle Bail√©n.

En los primeros a√Īos del siglo XVII hab√≠a en Madrid tres manceb√≠as. La frecuentada por los m√°s pudientes se encontraba en lo que es ahora la calle de Cervantes. Los burgueses ten√≠an su reposo en la calle de Luz√≥n y los m√°s pobres en la plaza del Alamillo. Sin embargo, a mediados del siglo, ya hay en Madrid m√°s de ochocientas. Un negocio floreciente, como se puede observar.

En su momento la reglamentaci√≥n velaba por la limpieza de las manceb√≠as, que no se produjeran esc√°ndalos y se exig√≠a que los 'visitantes' entraran sin armas. Tambi√©n las mancebas pasaban de vez en cuando un control m√©dico para verificar que no ten√≠an enfermedades contagiosas y los due√Īos (llamados 'padre' o 'madre') eran severamente castigados si ocultaban que alguna de las j√≥venes ten√≠a alg√ļn mal.

Otro barrio que r√°pidamente fue creciendo en n√ļmero de manceb√≠as y clientes fue la zona deBarrio de las Letras en el plano de Texeira Huertas, donde viv√≠an la mayor√≠a de aquellos dedicados a la far√°ndula, tanto escritores, actores o empresarios. Hemos de pensar que entre las mujeres preferidas estaban las comediantas, que posiblemente ve√≠an en sus amantes una posibilidad de jubilarse anticipadamente de la profesi√≥n. El mismo Felipe IV tuvo una de sus amantes preferidas entre la far√°ndula, la famosa 'Calderona' que le di√≥ un hijo bastardo. Nada m√°s nacer fue dado a una familia para su educaci√≥n y la 'Calderona' termin√≥ en un convento. Lleg√≥ a ser madre abadesa, as√≠ que tampoco parece que le fuera muy mal en el nuevo oficio.
Al aumentar con los a√Īos la prostituci√≥n y la juerga en el barrio de las Letras, lleg√≥ a ser una zona muy conflictiva, con muchos esc√°ndalos, lo que llev√≥ a Felipe IV, durante una de sus √©pocas piadosas, a reubicar estos burdeles en una zona m√°s alejada.
Finalmente el rey prácticamente eliminó las mancebías, dejando sólo una en la calle Mayor. Pero fue peor el remedio que la enfermedad ya que aparecieron los burdeles ilegales, más peligrosos y, además, la prostitución fue aumentando. Se ve que el tema no tiene fácil arreglo. Ni siquiera después de tantos siglos.

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@Copyright Mª Dolores Diehl Busch (Texto), Rafael Castañeda Velasco(Fotografías). Todos los derechos reservados.

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