El Perro Paco

En la calle Alcalá, donde hoy en día encontramos una cafetería de la cadena Starbucks solía estar el famoso Café Fornos. Era lugar de encuentro para muchos políticos, escritores y otros personajes conocidos de la sociedad madrileña, que solían pasar las horas muertas discutiendo la actualidad social, política o literaria en sus tertulias.

Se cuenta que el día de la festividad de San Francisco de Asis de 1879, un perro callejero entró en el café. Era un pequeño macho negro. Se acercó lentamente a la mesa ocupada por el Marqués de Bogaraya, que sería posteriormente uno de los alcaldes de Madrid, y se sentó a su lado. Al marqué el perrillo le hizo gracia y, como le vió con ganas de comer, le pidió un trozo de carne. En honor al santo del día llamó al perro Paco.

A partir de ese día, Paco se acercaba cada noche al café a ver a su nuevo amigo. Si el marqués no estaba alguna noche en el local, algún otro cliente le invitaba a la cena. En agradecimiento el perro acompañaba a su benefactor a casa caminando a su lado. Muchos intentaron quedárselo, pero Paco prefería vivir a su aire, libre y sin ataduras.

A medida que pasó el tiempo, Paco se convirtió en la mascota de Madrid. Se escribieron canciones en su honor, los periódicos se hacían eco de sus últimas correrías, incluso hubo dulces con su nombre y chocolatinas con su imagen. Se publicó un periódico, El Perro Paco, que reflejaba las opiniones políticas y sociales del perro. En fin, que Paco era un personaje más de la sociedad madrileña.

De hecho, Paco comenzó a asistir también a obras teatrales, e incluso a las corridas de toros que, al parecer, le gustaban bastante. Tenía la puerta abierta en todos los sitios.

En aquel entonces, la plaza de toros estaba cerca de la Puerta de Alcalá y los toreros solían ir andando desde su alojamiento hasta la plaza. Paco tenía dos toreros favoritos, Frascuelo y Lagartijo. Les esperaba en la calle, enfrente de sus casas y les acompañaba en su paseo.

Un desgraciado día de 1882 hubo corrida. Paco se encontraba entre el público. La corrida fue un desastre. Uno de los toreros estaba recibiendo una soberana pitada del público y Paco no pudo reprimir su disgusto. Se lanzó al ruedo y comenzó a ladrar al torero. Este, que debía estar de los nervios porque la faena no salía y le estaban poniendo a caldo, reaccionó de mala manera. Se ve que al no poder acabar con el astado, pensó que, por lo menos, podía acabar con el perro y no se le ocurrió otra cosa que clavarle el estoque al perro Paco. El público se volvió loco. Se dice que el matador, por llamarle de alguna manera, tuvo que ser sacado de la plaza por las fuerzas del orden ante el peligro de ser linchado allí mismo.

El pobre perrillo fue llevado al veterinario. El pueblo de Madrid vivió una profunda crisis, las gentes lloraban por la calle, los periódicos informaban constantemente de la salud de Paco, que perdía la vida a chorros.

Finalmente el perro Paco murió.

Parece ser que animalito fue disecado y estuvo en el Museo taurino hasta su cierre en 1889. Posteriormente, cuentan, se le enterró en el Retiro, pero nadie sabe donde. Como dice Ana Belén Fuentes, a Paco le pasó como a otros grandes de la historia española y madrileña. Como a Cervantes, como a Lope..... que nadie sabe dónde están sus restos.

Descanse en paz nuestro perro Paco.

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@Copyright Mª Dolores Diehl Busch (Texto), Rafael Castañeda Velasco(Fotografías). Todos los derechos reservados.

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