La Princesa de ÉboliUn parche sexy
De hecho, al enviudar bastantes años después, se volvió a casar inmediatamente con el propósito de tener otro heredero, un varón. Sin embargo murió antes de que su segunda mujer diera a luz. No nacerÃa un niño, sino otra hija que, además murió al poco de nacer. Ana de Mendoza vio asà asegurada su herencia que habrÃa perdido en caso de tener un hermanastro. Fue un duro golpe para ella ver cómo su padre intentaba desheredarla como fuera. Parece ser que en su infancia intentó suplir al hijo que su padre habrÃa deseado y participó en muchas actividades masculinas que, además, le gustaban más que aquellas destinadas a las mujeres. Aún asà su madre procuró que aprendiera también a coser y bordar, aparte de saber montar a caballo y ser, sobre todo, gran aficionada a la cetrerÃa. Se cuenta que de niña sufrió un accidente con una espada, cuya punta se le clavó en el ojo al tropezar. Desde entonces llevaba el parche que tan famosa la hizo en la toda la corte. Para ella el parche era un adorno más y, como tal, lo lucÃa de distintas maneras incluso como una joya más. Según algunas malas lenguas no era tuerta, sino bizca y disimulaba este defecto con el parche. Ruy Gómez de Silva, un buen hombreSu futuro marido, Ruy Gómez da Silva (1516-1573) era un noble portugués que habÃa venido
Aun asà Ana y Ruy tuvieron su primer hijo en 1558. En total nacerÃan 10 hijos de este matrimonio que, a pesar de la diferencia de edad, parece fue bastante feliz. Ruy logró grandes honores durante su época al servicio de la corona. De hecho en 1559 Felipe II nombró al matrimonio PrÃncipes de Éboli, ciudad de Nápoles. Posteriormente nombrarÃa a Ruy también Duque de Pastrana. Tras ser hombre de confianza y secretario del rey Felipe II, Ruy pasó a ser primer mayordomo del prÃncipe Carlos (hijo de Felipe II y su primera mujer MarÃa de Portugal). Sin embargo el carácter inestable y violento del prÃncipe, se dice heredado de su bisabuela Juana la Loca, como su conspiración contra su padre, hicieron que éste le recluyera en el Castillo de Arévalo. Allà el prÃncipe se negó a comer y murió totalmente desequilibrado en 1568. Muerto el prÃncipe, Ruy pierde su puesto y comienza una época de declive en la que se aleja de la corte. Aunque se llegó a murmurar que Ana tenÃa una relación amorosa con Felipe II este hecho nunca ha podido ser probado. Además habrÃa coincidido en el tiempo con su matrimonio con Isabel de Valois a la que, al parecer, quiso realmente. Lamentablemente, tras darle dos hijas - Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, la reina murió en 1568. Pacifistas vs. belicistas
Los PaÃses Bajos se habÃan sublevado en 1567 contra España que querÃa anexionarse el paÃs aparte de imponer la religión católica. Ruy proponÃa una solución basada en el respeto a las leyes y costumbres de cada uno de los reinos. El Duque de Alba era partidario de la solución armada.
El grupo liderado por Ruy contaba con el apoyo de la poderosa familia de su mujer, los Mendoza, además de ser apoyado por una serie de importantes funcionarios entre los que se encontrada Antonio Pérez. Sublevación de las Alpujarras, Santa Teresa y el Duque de PastranaLos moriscos que vivÃan en Granada fueron obligados a cambiar de costumbres adaptándose a la religión católica. Esto provocó una rebelión.
Perdido el favor real, aunque Ruy siempre mantuvo una buena relación con el rey, se dedicó a comprar bienes para sus hijos, entre ellos la villa de Pastrana. En 1572 el rey le nombrarÃa Duque de Pastrana, Grande de España. Se ocupó especialmente de esta ciudad, ampliando las zonas cultivables contando para ello con los moriscos, que estaban por España tras la sublevación de las Alpujarras y que se establecieron en esas tierras. Muchos de estos moriscos eran expertos de el trabajo de la seda. Además fundó dos conventos de las Carmelitas de Santa Teresa de Jesús tras lograr convencer a la Santa, que habÃa tenido algún desencuentro con Ana de Mendoza. De hecho, tras la muerte de Ruy, la princesa de Éboli en un ataque de teatralidad, decidió abandonar las veleidades del mundo e ingresar en uno de estos conventos. Sin embargo pretendÃa mantener todos sus privilegios, sus doncellas, su poder como cabeza del convento, su horario de visitas, etc. de forma que, al final, las monjas salieron a escondidas del convento abandonándolo. Ruy murió repentinamente en 1573. En aquel momento la polÃtica apoyada por el Duque de Alba en los PaÃses Bajos no conseguÃa la victoria.
Un póquer de Ases y una reina de corazonesAntonio Pérez, Felipe II, Juan de Escobedo, Juan de Austria y la Princesa de Eboli
Con el apoyo de su padre y del propio PrÃncipe de Éboli fue nombrado secretario del rey en 1566. Se rumoreó que era en realidad hijo del prÃncipe de Éboli, pero no hay pruebas de ello. Lo que si parece cierto es que éste le trató como a un hijo. Juan de Austria era hijo natural de Carlos I y Bárbara Blomberg, nació en Alemania hacia 1545 y era, por tanto, hermanastro de Felipe II. Juan de Austria, de niño conocido como JeromÃn, se crió en España. Fue reconocido como hijo por su padre y tratado como un hermano por Felipe II. A su éxito en la solución del problema de las Alpujarras añadirÃa después su victoria en la Batalla de Lepanto, venciendo a los turcos y obteniendo además un botÃn de numerosas galeras. Juan de Austria se convirtió asà en un héroe admirado en los territorios de España y su ambición aumentó. Parece ser que pretendÃa un reino propio, petición que no le fue concedida por su hermano. Quizás Felipe II no confiaba plenamente en la lealtad de su hermanastro o le envidiaba por su fama de héroe. Se cuenta que finalmente una de las aspiraciones de Juan de Austria era la invasión de Inglaterra, casarse con MarÃa Estuardo y llegar asà a ser rey. Sin embargo, otra vez, Felipe II se negó.
Se cuenta que Escobedo habÃa venido a Madrid para convencer al rey de que diera su permiso a la boda de Juan de Austria con la MarÃa Estuardo. Felipe II receloso de la ambición de su hermanstro y de la influencia que Escobedo tenÃa sobre éste habrÃa ordenado a Antonio Pérez que eliminase a Escobedo, que murió asesinado en la calle del CamarÃn de la Almudena. Hoy en dÃa podemos ver una placa conmemorativa en el lugar. Con anterioridad parece que habÃan intentado envenenarle sin éxito. Sin embargo parece ser que el motivo de la venida de Escobedo era pedir ayuda para superar la crisis en los PaÃses Bajos y que jamás Juan de Austria pensó en serle desleal a su hermanastro. Ese mismo año morirÃa Juan de Austria a consecuencia del tifus. Tras su fallecimiento todos sus documentos pasaron a manos del rey que pudo darse cuenta de la lealtad de su hermanastro y descubrir la trama insidiosa de Antonio Pérez para desprestigiarle ante él. Se cree también que Pérez, en su afán de poder, no sólo intrigaba entre Felipe II y Juan de Austria, sino que vendÃa secretos de Estado a Flandes, dificultando el éxito de Juan de Austria ll. A la Princesa de Eboli se la acusó de llevar una vida poco decorosa y no saber administrar sus bienes. Fue encarcelada en varios palacios hasta terminar en el suyo de Pastrana, donde morirÃa en 1592.
Felipe II le acusarÃa del asesinato de Escobedo, pero por problemas legales de cara a los fueros no podÃa conseguir el encarcelamiento de Pérez, acudiendo a la Inquisición a la que los fueros no podÃan oponerse. Tras varios avatares, rebeliones, encarcelamientos, Antonio Pérez se trasladó a Inglaterra desde donde fomentarÃa la leyenda negra de Felipe II. Murió en 1611 en ParÃs. Es difÃcil saber a estas alturas la implicación real de la princesa de Éboli en los hechos mencionados. Sà parece cierto que mantuvo una relación amorosa con Antonio Pérez y que entre ambos intrigaban para perseguir sus propios fines de poder. Era una mujer poco común para su época que no quiso quedarse al margen de la vida polÃtica y ocuparse sólamente de criar a sus hijos. Adoraba las fiestas, el lujo, sentirse admirada e influir en los demás.
PodrÃamos decir que la vida de la princesa de Éboli se divide en dos etapas, en la primera, que corresponde a su matrimonio con Ruy Gómez, posiblemente éste contendrÃa la ambición de su mujer y evitarÃa males mayores. Ya sin el apoyo y consejo de su marido, comienza una segunda etapa, en la que nada ni nadie la contiene y, además, se une a otro personaje igual de ambicioso que ella, con lo que el final era previsible. Su influencia y su ambición la llevaron a la perdición. Quizás no estuviese al tanto del plan de Pérez para matar a Escobedo, pero tampoco es descabellado pensar que sà lo sabÃa. El hecho es que al final murió sola y encerrada en su casa de Pastrana, pasando a ser una leyenda más de la historia de España. En la reproducción de una parte de uno de los planos de Texeira podemos ver la Iglesia de Los prÃncipes de Éboli esta ambos están enterrados en la cripta de la Colegiata de Pastrana por intervención de su hijo que serÃa obispo, fray Pedro González de Mendoza. |
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