Selfridge's

Henry Gordon Selfridge naci√≥ en 1856. Su padre ten√≠a una tienda que dej√≥ para ir a la guerra en 1861 dejando atr√°s a su mujer y tres hijos. Igual pod√≠a haber ido a por tabaco, porque nunca volvi√≥. A√Īos despu√©s su mujer supo que en 1873 hab√≠a muerto en un accidente de tren.

Un madre luchadora

Lois Selfridge era una mujer valiente y de car√°cter. Poco tiempo despu√©s de enterarse de que era 'realmente' una viuda murieron sus dos hijos mayores qued√°ndose sola con Henry. Henry, al que todos llamaban Harry, no supo hasta a√Īos despu√©s c√≥mo hab√≠a muerto su padre, cre√≠a que hab√≠a sido durante una batalla. La relaci√≥n entre Harry y su madre era muy estrecha. Vivieron siempre juntos hasta la muerte de ella.

Lois Selfridge era profesora y consigui√≥ trabajo como tal. Ense√Ī√≥ a Harry unos principios que no olvid√≥ nunca: no temer el fracaso y la importancia de un aspecto y maneras impecables.

Harry consigui√≥ su primer trabajo a los 10 a√Īos repartiendo el peri√≥dico, pan o paquetes. A los 14 era aprendiz de contable en un peque√Īo banco en Jackson. El llevar un listado exacto de sus gastos fue ya una constante en su vida. Tuvo diferentes trabajos ya que estar desempleado no era una opcion que se pudiera permitir.

Field, Leiter & Co.

Por fin, a los 22 a√Īos, entr√≥ a trabajar para Marshall Field como mozo de almac√©n. Marshall

Harry Selfridge hacia 1880

Field era socio de Field, Leiter y Co. una de las tiendas de m√°s renombre de Chicago (con el tiempo ser√≠a adquirida por Macy's). Selfridge no lo sab√≠a todav√≠a, pero trabajar√≠a para Field m√°s de 25 a√Īos.

Por aquel entonces Chicago era una ciudad aburrida, sin restaurantes, con sólo un cine y pocas actividades para las mujeres salvo ir de compras. Además se habían popularizado las revistas de moda, de belleza o sobre las normas de protocolo o etiqueta. Las 'tendencias' empezaban a ser importantes.

En las tiendas los vendedores eran siempre caballeros y Marshall Field fue el primero en contratar se√Īoritas para el departamento de lencer√≠a, cada vez m√°s en auge.

El superior de Selfridge, John Shedd era el responsable del departamento de encajes. Entre ambos cambiarían el mundo de los grandes almacenes. Parece ser que Selfridge, de hecho, nunca trabajó como vendedor, sino que se ocupaba de la publicidad de los almacenes. Era el hombre de las ideas.

Selfridge, hombre de ideas

Para Selfridge el primer paso que había que conseguir era que la gente viniera al establecimiento donde él les daría un ambiente cómodo, un servicio educado y, sobre todo, diversión.

No se sabe con certeza quién fue el inventor de la frase 'El cliente siempre tiene razón' si Field o Selfridge, pero en cualquier caso es una clara muestra de la filosofía del negocio.

Los empleados

Los vendedores deb√≠an dirigirse a los clientes con un 'Se√Īor' o 'Se√Īora', no se les permit√≠a estar comiendo, mascar tabaco, escupir o maldecir durante su trabajo. Era imprescindible que fueran muy pulcros. Se prestaba gran atenci√≥n a unas u√Īas limpias y a que los cuellos y zapatos estuvieran en condiciones. A mediados de 1880 ya hab√≠a m√°s de mil empleados en los grandes almacenes de Field. Trabajaban nueve horas al d√≠a, seis d√≠as a la semana. Com√≠an en la cantina - parece ser que bastante bien - y pod√≠an comprar en el establecimiento con una rebaja del 6 por ciento. Cobraban menos que en otros establecimientos, pero el trabajo les daba cierta clase. En cuanto a sueldos, un vendedor novato pod√≠a ganar unos 32 dolares mensuales, el chico del ascensor 16 y el cajero unos 8 dolares.

Innovaciones

Harry Selfridge fue capaz de observar lo que hacía la competencia y utilizarlo de forma adecuada en el establecimiento para el que trabajaba. Por ejemplo era habitual que la entrega a domicilio fuera gratuita y también se estableció un punto de almacenaje de compras donde se guardaban mientras los clientes seguían su periplo por el almacén.

Uno de los primeros empe√Īos de Selfrige fue la iluminaci√≥n. Interiormente los almacenes ya contaban con luz el√©ctrica aparte de la que entraba por la gran c√ļpula. Faltaba iluminar los escaparates por la noche lo que trajo consigo los paseos nocturnos para ver los productos expuestos. Fue un pionero en la decoraci√≥n de escaparates recreando historias en los mismos.

Aument√≥ las l√≠neas telef√≥nicas contando con se√Īoritas telefonistas que pod√≠an comunicarse con todas las secciones.

Selfridge consideró que ir de compras era una experiencia tanto visual como táctil. Hasta entonces los productos eran sacados por los dependientes de los armarios o vitrinas. Selfridge colocó expositores centrales en los pasillos de forma que las telas, los chales o guantes pudieran tocarse.

Hizo que los altos armarios fueran m√°s bajos para que ya no hubiera que utilizar escaleras

Marshall Field

para llegar a los productos.

Cuando las escuelas en Chicago comenzaron a pagar a los profesores con cheques, Selfridge hizo que se dispusiera en el almacen de un banco especial donde pudieran canjearlos por efectivo.

Pronto comprendió la importancia de la publicidad, pero nunca la utilizó de forma agresiva.Fue el primero en realizar publicidad de página completa en los periódicos de Chicago. Le gustaba ser persuasivo y no prometía más de lo que podía ofrecer.

Selfridge se bas√≥ en m√©todos motivacionales tanto de cara a los clientes como de los empleados. Nunca gritaba ni pon√≠a en evidencia a un empleado en p√ļblico. Jam√°s cotilleaba.

En 1885 tras haber organizado las primeras rebajas bi-anuales, convenció a Marshall Field para establecer en el sótano de los almacenes el departamento de gangas. Era una forma de dar a los ciudadanos normales lo que tenían los ricos. También estaba convencido que esos compradores con el tiempo podrían adquirir lo que se vendía sin rebajas en los pisos superiores.

Escalando puestos

En 1887 Harry Selfridge fue nombrado director general. Con el consiguiente aumento de sueldo pudo traerse a su madre desde Jackson a Chicago, permitirse una criada para la casa y un coche de caballos para pasearse por la ciudad.

En 1888 viaj√≥ con John Shedd a Par√≠s quedando muy impresionado por los almacenes 'Au Bon March√©'. De regreso a Chicago ampli√≥ los almacenes con nuevos departamentos ubicados en edificios adyacentes. Uno de los departamentos estaba dedicado a la moda infantil que iba ganando terreno. Tambi√©n los zapatos tuvieron su entrada ya que pod√≠an producirse con calidad en gran n√ļmero gracias a nueva maquinaria que permit√≠a su producci√≥n tanto en negro como en otros colores.

También comenzaron a venderse regalos, marcos para fotografías o cuadros y se abrieron departamentos de atención al cliente en cuanto a limpieza de guantes, arreglo de gafas o engarce de collares.

Como no hab√≠a d√≥nde sentarse a descansar, Selfridge logr√≥ convencer a Marshall Field de la conveniencia de abrir un restaurante que permitiera a las mujeres comer incluso solas. Evidentemente esta posibilidad cont√≥ con numerosas adeptas y el 'sal√≥n de t√©' pas√≥ de sus primeras 15 mesas a dar de comer a 1.200 clientes diarios y eso en el primer a√Īo. El restaurante se llenaba desde primera hora de la ma√Īana con los desayunos, aunque lo m√°s popular eran los t√©s de media tarde.

Durante los seis a√Īos que Selfridge estuvo al mando las ventas crecieron de 4 a 6,7 millones de d√≥lares. Hab√≠a llegado la hora de dar un paso y Harry pidi√≥ a Marshall Field ser socio en la empresa. Field se di√≥ cuenta que o ced√≠a o perd√≠a a su mejor hombre. Le di√≥ un peque√Īo porcentaje en el negocio, porcentaje que, no obstante, permiti√≥ a Harry contar con unos ingresos anuales que equivaldr√≠an a unos 435 mil dolares actuales.

Una boda inesperada

El mundo se abr√≠a ante Selfridge y parec√≠a no tener l√≠mites. Ya ten√≠a 30 a√Īos y hab√≠a que

Rosalie Selfridge hacia 1910

sentar la cabeza. No se sabe nada de su vida amorosa hasta ese momento, aunque teniendo en cuenta que Chicago no era precisamente una ciudad mojigata y que los 'vicios' estaban en cualquier esquina, seguramente utiliz√≥ ciertos 'servicios' seg√ļn necesidad. Generalmente iba acompa√Īado siempre de su madre en los eventos oficiales o p√ļblicos.

En 1890 Harry se cas√≥ con Rosalie Amelia Buckingham. Ella ya no era una ni√Īa, sino una mujer de 30 a√Īos que llevaba varios trabajando como agente inmobiliario. A la luna de miel les acompa√Ī√≥ la madre de Harry, Lois. Esto parece que no molest√≥ a la nueva se√Īora Selfridge, m√°s bien al contrario ya que siempre se llev√≥ muy bien con su suegra y, como ya hemos dicho, Lois vivi√≥ siempre con su hijo y nuera. Partiendo de una vida laboral activa quiz√°s fuera de esperar que Rosalie hubiera seguido trabajando, pero no lo hizo. Parece que era feliz dedic√°ndose a su casa. Tuvieron una ni√Īa que muri√≥ al poco de nacer. Despu√©s vendr√≠an Rosalie en 1893, Violette en 1897, Gordon en 1900 y Beatrice en 1901.

Novedades técnicas

La Exposici√≥n Universal de 1893 en Chicago trajo consigo grandes cambios tambi√©n en los almacenes Fields. Marshall Field hab√≠a comprado nuevos terrenos y se construy√≥ un anexo de 9 plantas. Se instalaron 13 elevadores hidra√ļlicos, 12 entradas con puertas giratorias, los mostradores eran de caoba tallados a mano y hab√≠a un inmenso servicio para las se√Īoras.

Entre los excelsos visitantes de Chicago en aquel a√Īo se encontraba tambi√©n la infanta Eulalia, una m√°s de los visitantes a los almacenes Field.

Todas las innovaciones t√©cnicas mostradas durante la feria Universal influyeron en Selfridge que siempre estuvo a la √ļltima en las novedades √ļtiles para su profesi√≥n.

En 1903 Selfridge quiso más poder dentro de la empresa de Marshall Field. Este no acepto su propuesta y Selfridge dejó el trabajo.

Propietario

Abrió su propio primer gran almacén en Chicago, 'Harry G. Selfridge & Co.' en junio de 1904. Sin embargo, pocos meses después decidió vender todo y retirarse.

Dos a√Īos despu√©s parece que recuper√≥ su energ√≠a. Aunque ya ten√≠a 50 a√Īos, su apariencia era mucho m√°s joven. Hab√≠a llegado el momento de comenzar una nueva aventura. Desde hac√≠a tiempo ya que Selfridge hab√≠a propuesto a su antiguo jefe que expandiera el negocio m√°s all√° de Estados Unidos. No quiso hacerlo y ahora Selfridge eleg√≠a esta opci√≥n con Londres como sede.

Selfridge's en Londres

Evidentemente las cosas no fueron f√°ciles. Problemas con sus socios retrasaron la construcci√≥n del edificio planificado, pero Selfridge supo sacarle partido tambi√©n a los retrasos: manten√≠a a la prensa informada de los avances, de sus planes, teniendo siempre presente la importancia de la publicidad. Al mismo tiempo estudi√≥ a fondo el mercado londinense y brit√°nico, el n√ļmero de habitantes, d√≥nde viv√≠an, qu√© com√≠an, qu√© le√≠an... un estudio de mercado completo de sus posibles futuros clientes.

La clase media

Harry Selfridge se enfrentaba a una sociedad en la que los ricos llevaban una vida

La familia Selfridge: Gordon, Beatrice, Rose, Violette y Rosalie

placentera, mientras que gran parte de la población vivía en la probreza y la creciente clase media todavía no había descubierto el gusto por las compras. Aun así, era esta clase media la que poco a poco iba traspasando fronteras. Entre sus necesidades no estaban las ropas formales, de luto o para los sirvientes. Querían ropa moderna que pudieran llevarse en sus viajes, equipos fotográficos para recoger sus diversiones, ropa deportiva y todo aquello relacionado con una vida más centrada en lo que el automóvil podía ofrecer. Este sería el grupo al que quería dirigirse Selfridge. Quería ofrecer unos almacenes donde todos pudieran encontrar algo a su gusto.

En cuanto al edificio contaba con 21 escaparates, doce de ellos con los paneles de cristal m√°s grandes del mundo.

Un aliado de la prensa

Desde el principio cuidó mucho a la prensa. Contrató a un antiguo perdiodista como responsable de prensa y estableció una sala de prensa que podía ser utilizada por los periodistas. Aquellos admitidos tenían su propia llave, había máquinas de escribir, teléfonos, material de escritura, un bar lleno de bebidas y todos los días alguna historia con contenido de interés humano para publicar. Probablemente estas atenciones a la prensa y su trato con los periodistas le ayudaron en los momentos difíciles, ya que le dejaron tranquilo a pesar de tratarse de una prensa a la que le gustaban los escándalos y cotilleos.

Durante la semana de apertura de los almacenes, Selfridge lanz√≥ la campa√Īa publicitaria m√°s espectacular hasta el momento. 38 anuncios dibujados por algunos de los m√°s conocidos dise√Īadores gr√°ficos aparecieron en 18 peri√≥dicos de nivel nacional. Se gast√≥ lo que hoy ser√≠an m√°s de 2 millones de d√≥lares. Selfridge logr√≥ crear as√≠ una nueva fuente de ingresos para los peri√≥dicos. Sus anuncios no se refer√≠an a productos sino que hac√≠an referencia a su filosof√≠a de compras. Promocionaba el placer de comprar.

Realiz√≥ exposiciones de arte en los almacenes, demostraciones de cocina en el departamento correspondiente. Y eso en los primeros a√Īos del siglo XX.

Lo importante es el cliente, siempre el cliente

El d√≠a de la apertura se contar√≥n 90.000 personas. Era un lugar espectacular. Contaba con 9 ascensores de Otis, en la planta baja estaban las secciones de juguetes, deportes y motor, en la planta alta un restaurante, espl√©ndidamente iluminado, con flores frescas que desprend√≠an un perfume embriagador, los suelos enmoquetados en el color verde de la casa que se utilizaba tanto para uniformes como para los camiones de reparto, hab√≠a una biblioteca con las √ļltimas revistas y peri√≥dicos, una sala de descanso, una oficina de correos y la posibilidad de reservar desde tickets de tren hasta entradas para una funci√≥n de teatro. Evidentemente hab√≠a tambi√©n un barbero, una peluquer√≠a de se√Īoras y una sala de fumadores s√≥lo para los caballeros.

En contraposición a la competencia, Sefridge destinó mucho espacio para atender a sus clientes, en vez de llenar todo de mercancía para vender. Para él lo importante era que la gente entrara en su establecimiento y luego retenerles.

Durante la primera semana tras la apertura más de un millón de personas visitaron el establecimiento.

El paseo diario de Harry

Todos los d√≠as pasaba por los diferentes departamentos de los almacenes apuntando cosas que le llamaban la atenci√≥n, que hab√≠a que corregir. Ni alababa ni criticaba a sus empleados. Si un mostrador ten√≠a polvo, escrib√≠a sus iniciales HGS en el polvo que r√°pidamente era eliminado. Para comunicarse con los empleados les enviaba mensajes en sobre amarillos como si fueran telegramas, pensando que as√≠ los abrir√≠an m√°s r√°pidamente. No se equivocaba. Estos mensajes privados eran le√≠dos con avidez por todos. Esta visita por los almacenes duraba como m√≠nimo una hora y al regresar a su oficina hab√≠a visto a m√°s de mil personas. Diez a√Īos despu√©s ya eran m√°s de tres mil. Nunca se paraba a preguntarles c√≥mo estaban o c√≥mo iban las ventas, porque eso ya lo sab√≠a.

Cuando alguna celebridad iba a Selfridge's, √©l no dudaba en acompa√Īarla por el establecimiento. Adem√°s todos deb√≠an firmar en un gran panel de cristal que estaba en el despacho de Selfridge. All√≠ estaban las firmas de Charlie Chaplin, Douglas Fairbanks jr. o Fred Astaire entre otros nombres famosos.

Ultimas tendencias

Selfridge's fue el primer almacén en vender teléfonos una vez se popularizaron. También fue el primero en poner anuncios en las portadas de las guías telefónicas.

En 1884 puso a disposición de su clientela las cuentas de crédito mensuales a las que rápidamente se apuntaron los puntales de la sociedad londinense.

En 1907 el francés Louis Blériot voló de Calais hasta la costa de Kent. Selfridge fue, aparte de

Harry Selfridge hacia 1910

dos periodistas, el √ļnico que le esperaba all√≠. Hizo llevar la avioneta a los almacenes donde pudo ser vista por 150.000 personas, teniendo que ampliar el horario hasta las doce de la noche para que todos pudieran verla.

Tras un viaje a París en 1910 amplió el departamento dedicado a productos de belleza. Hasta entonces los cosméticos se habían vendido en la sección de farmacia. En principio la idea era vender, sobre todo, perfumes. Colocó los mostradores de perfumería nada más entrar en la tienda. Con esto consiguió evitar los malos olores que entraban desde la calle, una mezcla de estiércol de caballo, tubos de escape y gente con poco sentido de la higiene.

Abrió una sección de librería. Publicó la Biblia Selfridge, el atlas mundial Selfridge, el diccionario Selfridge, entre otros títulos. Todos a precios económicos. El departamento asemejaba una biblioteca con mesas y lámparas para que los clientes pudieran hojear los libros.

En 1911 abrió una sección de gangas en la planta baja. No fue un éxito inicial tan grande como la sección de Chicago, pero poco a poco fue ganando adeptos. Era el lugar donde el ama de casa podía encontrar todo lo que necesitase. Todo estaba apilado en mostradores donde las mujeres hurgaban hasta encontrar la ganga que buscaban.

Todas las compras se entregaban a domicilio.

Ese mismo a√Īo, 1911, Selfridge tuvo un accidente de coche y estuvo inconsciente durante m√°s de 40 horas. Tras despertar se encontraba bien y a los dos d√≠as ya estaba trabajando. Desde ese momento sufri√≥ de insomnio y no dorm√≠a m√°s de cuatro o cinco horas, aunque se echaba alguna corta siesta durante el d√≠a.

Introdujo los 'vales de regalo', promociones que duraban desde la ma√Īana s√≥lo hasta el mediod√≠a, abri√≥ una secci√≥n para mascotas.

Todos los días pagaba una columna en diversos periódicos en la que se hablaba de acontecimientos diversos. Firmaba la columna 'Callisthenes', el nombre de una mascota de Selfridge. Esta columna se publicó hasta 1929. Trataba de temas de interés general mostrando la política y principios de la empresa.

Supo sacar gran partido a la terraza del edificio donde hubo un precioso parque durante alg√ļn tiempo. Se celebraron grandes fiestas y recepciones.

En 1914 Selfridge abri√≥ en un edifiico anexo la seccion de alimentaci√≥n. Todo se manten√≠a en c√°maras frigor√≠ficas y se daba gran importancia a la higiene. Ofrec√≠a un servicio de asesoramiento a los clientes en cuanto a men√ļs. Se hac√≠an demostraciones diarias de c√≥mo poner la mesa y arreglos florales. Era un sistema demasiado moderno para su √©poca y no funcion√≥. Selfridge reaccion√≥ r√°pidamente y lo cambi√≥ por un sistema m√°s familiar con una disposici√≥n de productos m√°s sencilla. Funcion√≥ en seguida.

Durante la guerra el gobierno inglés no se comunicó con Selfridge para pedirle ayuda en un sentido u otro. Sin embargo el gobierno francés sí lo hizo y le responsabilizó de equipar a los soldados con ropa interior.

Tras la guerra, la moda cambi√≥. Los sombreros se hicieron cada vez m√°s peque√Īos y se estilaba el pelo corto entre las mujeres. Era la √©poca de los peluqueros. Las ilustraciones publicitarias fueron sustituidas por fotograf√≠as.

Anuncio para la inauguración del nuevo edificio en Oxford Street en marzo de 1909

Selfridge abrió sucursales en provincias. Para ello y para mantener sus almacenes en Londres evidentemente necesitó financiación de los bancos, aunque las deudas nunca le preocuparon.

En 1924 se abrió una gran ampliación de los almacenes.

En 1925, para el 16 aniversario de la apertura, se realizo una transmisi√≥n radiof√≥nica de 15 minutos, aunque no tuvo mucho √©xito, ya que pocos la escucharon. En aquella √©poca los departamentos de m√°s √©xito eran los de perfumer√≠a y cosm√©ticos. Las tendencias iban cambiando. Tambi√©n el p√ļblico. Las compras ya no eran exclusivas de los ricos. La moda era marcada por las estrellas del cinemat√≥grafo y no por la nobleza.

Selfridge adquirió una serie de terrenos pensando en futuras ampliaciones. Pero los bancos ya no eran tan permisivos con él. La situación se fue complicando.

Un triste final

En 1939 cre√≥ la secci√≥n de televisores con un peque√Īo estudio donde se realizaban entrevistas y la gente pod√≠a ser vista en televisi√≥n. La innovadora idea dur√≥ poco por el estallido de la segunda Guerra Mundial.

Se acercaban malos tiempos. Los proveedores ya no querían esperar tanto para cobrar y un grupo de banqueros obligó a Selfridge a dejar el negocio en sus manos. Le nombraron presidente de la empresa pero al ver que seguía yendo todos los días, optaron finalmente por prohibirle la entrada y le quitaron también el nombramiento. También su hijo fue despedido, no gustaba la fama de playboy que tenía. Se marchó a Estados Unidos con su familia donde trabajó para Sears.

Durante los bombardeos de Londres una bomba cay√≥ en el edificio destruyendo el famoso panel de cristal con las firmas de los famosos. Adem√°s quedaron da√Īadas otras zonas del edificio. Para entonces Selfridge estaba casi sordo y no ve√≠a bien. Cog√≠a el autobus contando los peniques y se sentaba enfrente del edificio para mirarlo.

Pas√≥ los √ļltimos a√Īos intentando revivir lo que que hab√≠a sido, pr√°cticamente uno de los pilares del mundo comercial. Sus almacenes siguen siendo de los m√°s relevantes del mundo, aunque los propietarios hayan cambiado varias veces. Las innovaciones de Selfridge en la forma de vender han llegado a ser habituales hoy en d√≠a y posiblemente el trasfondo no sea tan rom√°ntico. Selfridges disfrutaba de su trabajo. Quer√≠a atender al cliente y que se sintiera bien. Fue un emprendedor nato y posiblemente su √©xito radic√≥ en que lo m√°s importante no eran las ganancias sino que el negocio prosperase como tal.

A pesar de no ser bien aceptado en la sociedad británica que le consideró un americano siempre, obtuvo la nacionalidad británica y dejó su impronta en ese país.

Murió en 1947. Quiso que tras su muerte se dijera de el 'Dignificó y ennobleció el comercio'. Pero ya no quedaba dinero ni para pagar una lápida. Fue enterrado al lado de su madre y de su esposa.

 

Selfridge, las mujeres y el juego

Aunque demostró a lo largo de su vida que estaba enamorado de su mujer no dejó de tener aventuras con otras, como por otro lado, era bastante habitual en aquella época.

Selfridge tuvo dos debilidades: las mujeres y, sobre todo, el juego. Ya desde muy joven le gustaba jugar a las cartas. Una vez tuvo dinero, nada podía pararle. Además daba también dinero a sus amantes para que se lo pudieran jugar. Si perdían las consolaba con exquisitas joyas.

Se rumoreaba que una de sus primeras aventuras importantes fue con la bailarina Isadora Duncan con la que mantuvo amistad hasta la muerte de esta.

Al margen de su actividad comercial, Selfridge tuvo tiempo de unirse a los masones en un grupo limitado a la comunidad americana en Londres. Entre los miembros estaba el millonario farmace√ļtico Henry S. Wellcome con cuya esposa, Syrie, Selfridge comenz√≥ un t√≥rrido romance. Algunos a√Īos despu√©s ella se cas√≥ con el escritor W. Somerset Maugham. Hacia comienzos de los 1920 Maugham escribi√≥ la obra de teatro 'Our betters' (Nuestros superiores) en la que parodiaba a Selfridge.

Harry Selfridge se convirtió en un ídolo para las mujeres. Era atendo con ellas, les enviaba

Isadora Duncan

todo tipo de regalos (tampoco le era difícil encontralos, ya que tenía de todo a su disposición). Siempre le gustaron las mujeres independientes y con éxito.

Tenía un gran sentido de la responsabilidad social y frecuentemente organizaba desfiles de moda o subastas benéficas.

En cuanto a las empleadas, jam√°s tuvo ning√ļn romance con ninguna de ellas.

Apoyó a las sufragistas publicando anuncios en sus periódicos y vendiendo accesorios en los colores del movimiento. Pero en su empresa las mujeres, aparte de vendedoras, como mucho llegaban a responsables de compras. Ninguna ocupó nunca un puesto ejecutivo.

Ninguna de sus hijas trabajó jamás durante la vida de Selfridge. Sólo su hijo Gordon ocupó un puesto relevante en los almacenes.

Otro de los romances reconocidos de Selfridge fue con la bailarina Gaby Deslys. Ella ya hab√≠a sido amante de varios miembros de la realeza. Se conocieron hacia 1912. Ella ten√≠a treinta a√Īos y era muy famosa. Era conocida por sus modelos y, sobre todo sus sombreros. Los sombreros que lucia Audrey Hepburn en 'My Fair Lady' se inspiraron en los que llevaba Gaby Deslys.

En 1918 la mujer de Selfridge, Rose enfermó de neumonía y murió una semana después. A los tres meses su hija Rosalie se casó discretamente, ya que estaban todavía de luto, con Serge de Bolotoff.

En 1921 Violette se casó con el vizconde Jacques de Sibour. Esta boda no satisfizo a Selfridge ya que el novio no trabajaba. El nuevo matrimonio dependía económicamente de él. Poco tiempo después Beatrice se casó con el hermano de Sibour, Jacques que estaba en la misma situación. Tras la guerra Mundial Violette se estableció en América y trabajó para Elizabeth Arden.

Por su parte Gordon se enamoró de una dependienta de los almacenes, Charlotte Dennis,

Las Dolly Sisters
Fotografía: hello-tuesday.deviantart.com

pero esta relaci√≥n tard√≥ a√Īos en ser reconocida por Selfridge padre. De hecho la pareja que al final lleg√≥ a casarse tuvo 4 hijos.

En 1926 Gordon había sido nombrado director de los almacenes, aunque Selfridge padre mantenía el control en lo referente a promoción y publicidad.

La estocada, sobre todo financiera, apareci√≥ con las gemelas 'Dolly Sisters', Jennifer y Rosie. De origen h√ļngaro hab√≠an nacido en 1892. La familia fue a Estados Unidos donde las hermanos trabajaron como bailarinas ya a los 14 a√Īos. El famoso Flo Ziegfeld las contrat√≥ en 1911. Se especializaron en bailes de 'espejo' una imitando los movimientos de la otra como si se viera en un espejo. Jenny hab√≠a estado brevemente casada con Harry Fox, el inventor del baile fox-trot, mientras que Rosie se especializ√≥ en baile flamenco er√≥tico. Hac√≠an todo juntas. Amaban el dinero y a los hombres ricos, las apodaban 'Million Dollar Babies'. Cuando Selfridge las conoci√≥, su madre ya hab√≠a muerto y era la √ļnica que pod√≠a haber puesto alg√ļn tipo de freno a su pasi√≥n por el juego. Se cree que gast√≥ m√°s de 3 millones de d√≥lares jugando.

Tuvo un romance con la famosa tenista Suzanne Lenglen hacia 1933.Cinco a√Īos despu√©s ella morir√≠a con s√≥lo 39 a√Īos. Pero su √ļltimo romance fue con Marcelle Rogez, una actriz. Por aquel entonces Selfridge ten√≠a ya casi 80 a√Īos. Aunque aparentaba menos, ya no estaba a tiempo de cambiar su estilo de vida. Gastaba y gastaba. Tres a√Īos despu√©s a ella le ofrecieron un papel en Hollywood y se march√≥.

Selfridge era un hombre con dos vidas. Por un lado un trabajador constante, dedicado totalmente a su trabajo. Pero tuvo la habilidad de saber conjugar la seriedad y profesionalidad necesaria con el h√°bito del juego y su pasi√≥n por las mujeres. El Selfridge juergista no se interpon√≠a en el trabajo del Selfridge hombre de negocios. Supo disfrutar de la vida y aunque muri√≥ pr√°cticamente sin dinero pudo disfrutarlo a lo grande durante much√≠simos a√Īos.

Fuente: Shopping, Seduction & Mr Selfridge, autor: Woodhead, Lindy, Profile Books, 2012

Fotografías: Wikipedia

 

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